viernes, 3 de julio de 2009

Bailar, agarrándose los huevos

- Perdona… Hola… ¿Me pones…? ¡Perdona! Oye, ¿me pones…?
Nada, ni puto caso. La tía sigue pegada al televisor, de espaldas, sin hacer ni puto caso. Michel Jackson ha muerto. Y hoy no se sirven ni cafés. Pero la contemplación de su tanga me calma la ansiedad de cafeína, y atiendo yo también al improvisado reportaje.

Imágenes de cuando era pequeño. Los Jackson Five. Imágenes de él dando un concierto. Baila, agarrándose los huevos. Imágenes del videoclip ‘Thriller’. Saluda, en varias idas y venidas, a la multitud que lo aclama. Imágenes de un parque de atracciones. Primeros escándalos sexuales. Últimamente va siempre con paraguas, para que ni le acaricie el sol. Se casa con la hija de Elvis Presley. Orden de búsqueda y captura. Es imputado, declarado no culpable, en un caso de pederastia. 3 millones de euros de fianza, 20 de indemnización, y a la calle. Se autoproclama el Rey del Pop. Dos bodas, dos divorcios. Zarandea a un bebé a través de un balcón de cuatro pisos, extasiado, como queriendo demostrar que su hijo no es negro. Nuevas acusaciones de abusos sexuales a menores. Lleva calcetines blancos con mocasines.
Nace negro. Muere flaco, feo y blanco.
Imágenes de medio mundo llorándolo.
Los sordos tienen que estar flipando.

- Ay, perdona, ¿qué te pongo?
¡Dios! Es tan fea que casi da miedo mirarla! Y se ha girado, así, de golpe… Lleva aparatos, pelo lacio. Medio bizca, con ojos asimétricos. Cejas peludas, negras. Casi sin pecho. Unos treinta largos. Es tan fea que cuesta mirarla y no llorar. No sé, supongo que no lo parecía, de espaldas no lo parecía. Será el tanga.
- Café. Solo. Amargo.
Joder. No me salen más palabras. Joder. Esta tía no lo ha tenido fácil… Y unos cojones ha tenido una vida fácil esta tía! Y a mi no me salen más palabras… Joder. Busco, y rebusco, casi con estrés, pero no encuentro más. Dios, que se de la vuelta de una vez y vuelva a mostrarme su lado amable. Jacko, sácame de esta, por lo que más quieras.
‘See you in july’, son sus últimas palabras públicas. Y a Amaya, leo en su placa, le cae una amarga lágrima justo al lado de mi taza. Imágenes de una ambulancia, sin prisa. Cuando mure, pesa 51 kilos.
Nace negro. Muere flaco, feo, blanco y multimillonario.
Imágenes de medio mundo llorándolo.
Los de África tienen que estar flipando.

- Amaya, escucha- me armo de valor y hasta le cojo la mano- No llores. No hay motivo para ello. Michael volverá. Resucitará de entre los muertos, como sólo saben volver los grandes. El Sabbat, al noveno día. El 4 de julio, cuando en su casa estén de celebración, Michael volverá. ‘See you in july’, son sus palabras…
Y en su modo de apretarme la mano noto que está empezando a creerme. Quiere creerme. Aunque a mi me está empezando a dar un poco de asco tenerla tan cerca.
- También hubo gente que dudó de Jesús cuando lo vieron clavado a la cruz… Pero Jacko volverá. Resucitará de entre los muertos. Y todos sabremos que el nuevo Mesías ha llegado. Que el nuevo Salvador ya está aquí. Volverá cantando, y bailando, como en Thriller. Nos traerá la luz que le falta a este mundo cruel. Y nos enseñará que, si lo deseas, hasta el color de la piel puedes cambiar.

Y me zafo de su mano, que comenzaba a sudarle. La cara se le ilumina, los ojos vuelven a brillarle. Hasta esos dos pezones que tiene por pechos parecen erizársele. Es fea de cojones. Pero no costaba tanto hacerla reír.
Me bebo el café de un trago, muy digno. Casi me abraso la lengua, pero disimulo. Regalo diez céntimos de propina para no esperar el cambio.
- Que Jacko te bendiga.
Y escapo de allí.

El sol me golpea la cara. Cojo aire, y camino. Como vuelva el freaky éste el sábado, Amaya y yo lo vamos a flipar. ‘Tú no tienes la culpa, mi amor, que el mundo sea tan feo’, me regala el iphone. ¿Y si volviera, lo haría blanco o negro? Si volviera negro, los de África lo iban a flipar de nuevo. Quizá entonces no íbamos a dejarlos morir de hambre.
‘Tú no tienes la culpa, mi amor, que el mundo sea tan feo’.
Pues porqué me sienta tan mal que lo siga siendo.

Atrapados en azul cielo (parte dos)

- Usted dirá.
- Venía a poner una denuncia, por robo.
- ¿Qué le han robado?
No me lo creo. Tengo que alargar el cuello para poder mirarlo a la cara por encima de los 26 centímetros de diámetro de caucho, pero como parece no ser una pista suficientemente obvia, decido levantar la rueda y hablarle a través del amasijo de radios.
- La bicicleta.
- ¿Y esto qué es?- pregunta señalando con la cabeza.
- La rueda delantera de mi bicicleta, lo único que he encontrado cuando he ido a buscarla.
- Así pues, ‘técnicamente’, no le han sustraído una bicicleta, sino sólo algunas partes, ¿no?
- Sí, supongo que sí…
- Bien,- saca un formulario y coge un boli- desde el inicio, cuénteme que ha pasado.
- He bajado en mi bicicleta a comer a un chiringuito del paseo marítimo, el que está justo en la esquina, al final de todo. He atado la bicicleta en la parte de atrás, en el sitio específico que hay para candarlas, y cuando he salido sólo quedaba la rueda delantera, aún maniatada al poste.
- ¿Y qué tal?
- Pues jodido, la verdad, jodido…
- No, digo el restaurante.
- Ah, bien…, calidad-precio bastante bien, aunque un poco lentos en el servicio.
- Siempre he querido ir a probarlo, pero como tiene ya cuatro denuncias por falta de higiene, no me acabo de decidir…
- Oiga, ¿podemos centrarnos en la bicicleta, por favor?
- Ah, sí, sí, claro. ¿Nombre?- con intención ya de empezar a tomar datos.
- Black Thunder.
- ¿Cómo?
- Black Thunder. El Trueno Negro. Yo la llamo así, pero no sé de qué puede servir eso, porque no responde aunque la llames…
- No, no, su nombre, no el de la bicicleta.

¿Quieres guerra, Moranta? Pues la vas a tener. Y a partir de aquí empezamos un diálogo tan absurdo que podría muy bien servir como base para una nueva dramaturgia de Samuel Beckett, si no estuviera muerto, claro está.
Jugamos a ver quién pierde antes la paciencia, a ver quién explota primero y le suelta un guantazo a mano abierta a su interlocutor. Es como una especie de ruleta rusa, por lo que ante cada nueva esperpéntica respuesta, aparto ligeramente la cara, temeroso, para minimizar el posible impacto. Sobre todo cuando consigo que se le hinche la vena del cuello, de la que no pierdo detalle, como si de una luz de alarma de tratara.

Decido, ya que, ‘técnicamente’, no me han robado la bicicleta completa, denunciar el robo de todos y cada uno de sus componentes, por separado: cuadro; Gary Fisher – Marlin disc, cambio; Shimano Deore M530, horquilla; Rock Shox Dart 2, cubierta trasera; Bontrager Jones, frenos; Avid BB5… Y como tampoco sé tanto de bicicletas, llega un punto en que ya opto por inventármelo, buscando siempre palabras de raíz anglosajona lo suficientemente complicadas como para que el pobre Moranta, que no tiene ni puta idea de inglés, ni de bicicletas, se vea obligado a pedirme que se lo deletree, sin dejarle pasar ni una sola letra mal escrita: sillín; Barrakho Ass Race Two, pedales; Hoo Woo Spinning, manillar; Wellfuck Man Blue T670, bielas; Big Teets Bitch GR32…

Una hora y veinticinco minutos más tarde, cuando por fin libero el trono, la desnutrida sala de espera se ha quedado pequeña. Dos japoneses sin cámara de fotos, un ejecutivo sin cartera ni móvil, una ama de casa sin bolso y dos punkies sin perro ocupan la tira de seis sillas, así que la vecina, que no se ha quedado del todo tranquila con el ruido, espera de pie.
- Pues bueno, inspector Moranta, gracias por todo y espero recibir noticias suyas pronto…- le suelto ya de pie.- Por cierto, ¿podría decirme cual es el procedimiento habitual, en estos casos?
- Sí, claro- cara de desesperación de los miembros de la cola.- Ahora, en cuanto llegue el comisario, le abordaré con el tema para ver si me autoriza a poner en marcha un dispositivo especial. Le propondré sacar esta noche todos los efectivos a la calle a deshinchar las ruedas de todas las bicicletas de la ciudad, y mañana ponemos todas las patrullas a vigilar las estaciones de aire comprimido de las gasolineras.
- Ya… ¿Y toda la gente que tiene mancha en casa?
- El cerco se estrecha, créeme hijo, el cerco se estrecha…- ironiza el cabrón mientras me guiña, casi en confidencia, un ojo.
- Vaya, ¿que usted cree que la recuperarán?
- Es nuestro trabajo, caballero- y de tan servicial, que casi se pone firme.

Modo aleatorio. Queen, ‘I was born to love you’, en el iphone, al salir a la calle, de vuelta a casa, andando. No consigo que se me pase la mala hostia. Y lo que más me jode es no saber qué me jode más. Si saber que no van a hacer nada por encontrar una bicicleta, si saber que no van a hacer nada por encontrar unas cámaras japonesas, ni por una cartera, ni un móvil, ni un bolso, ni unos perros…, lo del ruido es discutible…, o saber que todos los demás lo tenemos asumido. Supongo que lo que acojona es vivir en una ciudad dónde lo tenemos asumido. Sea como sea, modifico inconscientemente mi ruta para pasar por delante de una tienda de bicis. Hay una de oferta. Lo anuncian en grande, y fluorescente, así que debe ser un chollo. Y en pequeño, el precio. 299, 99 euros. Lo de los ,99 ya canta, pero por 300 no está mal. Dudo. En la tienda de al lado, una ferretería, venden unas tenazas grandes, enormes, por sólo 22 euros. Dudo.