- Usted dirá.
- Venía a poner una denuncia, por robo.
- ¿Qué le han robado?
No me lo creo. Tengo que alargar el cuello para poder mirarlo a la cara por encima de los 26 centímetros de diámetro de caucho, pero como parece no ser una pista suficientemente obvia, decido levantar la rueda y hablarle a través del amasijo de radios.
- La bicicleta.
- ¿Y esto qué es?- pregunta señalando con la cabeza.
- La rueda delantera de mi bicicleta, lo único que he encontrado cuando he ido a buscarla.
- Así pues, ‘técnicamente’, no le han sustraído una bicicleta, sino sólo algunas partes, ¿no?
- Sí, supongo que sí…
- Bien,- saca un formulario y coge un boli- desde el inicio, cuénteme que ha pasado.
- He bajado en mi bicicleta a comer a un chiringuito del paseo marítimo, el que está justo en la esquina, al final de todo. He atado la bicicleta en la parte de atrás, en el sitio específico que hay para candarlas, y cuando he salido sólo quedaba la rueda delantera, aún maniatada al poste.
- ¿Y qué tal?
- Pues jodido, la verdad, jodido…
- No, digo el restaurante.
- Ah, bien…, calidad-precio bastante bien, aunque un poco lentos en el servicio.
- Siempre he querido ir a probarlo, pero como tiene ya cuatro denuncias por falta de higiene, no me acabo de decidir…
- Oiga, ¿podemos centrarnos en la bicicleta, por favor?
- Ah, sí, sí, claro. ¿Nombre?- con intención ya de empezar a tomar datos.
- Black Thunder.
- ¿Cómo?
- Black Thunder. El Trueno Negro. Yo la llamo así, pero no sé de qué puede servir eso, porque no responde aunque la llames…
- No, no, su nombre, no el de la bicicleta.
¿Quieres guerra, Moranta? Pues la vas a tener. Y a partir de aquí empezamos un diálogo tan absurdo que podría muy bien servir como base para una nueva dramaturgia de Samuel Beckett, si no estuviera muerto, claro está.
Jugamos a ver quién pierde antes la paciencia, a ver quién explota primero y le suelta un guantazo a mano abierta a su interlocutor. Es como una especie de ruleta rusa, por lo que ante cada nueva esperpéntica respuesta, aparto ligeramente la cara, temeroso, para minimizar el posible impacto. Sobre todo cuando consigo que se le hinche la vena del cuello, de la que no pierdo detalle, como si de una luz de alarma de tratara.
Decido, ya que, ‘técnicamente’, no me han robado la bicicleta completa, denunciar el robo de todos y cada uno de sus componentes, por separado: cuadro; Gary Fisher – Marlin disc, cambio; Shimano Deore M530, horquilla; Rock Shox Dart 2, cubierta trasera; Bontrager Jones, frenos; Avid BB5… Y como tampoco sé tanto de bicicletas, llega un punto en que ya opto por inventármelo, buscando siempre palabras de raíz anglosajona lo suficientemente complicadas como para que el pobre Moranta, que no tiene ni puta idea de inglés, ni de bicicletas, se vea obligado a pedirme que se lo deletree, sin dejarle pasar ni una sola letra mal escrita: sillín; Barrakho Ass Race Two, pedales; Hoo Woo Spinning, manillar; Wellfuck Man Blue T670, bielas; Big Teets Bitch GR32…
Una hora y veinticinco minutos más tarde, cuando por fin libero el trono, la desnutrida sala de espera se ha quedado pequeña. Dos japoneses sin cámara de fotos, un ejecutivo sin cartera ni móvil, una ama de casa sin bolso y dos punkies sin perro ocupan la tira de seis sillas, así que la vecina, que no se ha quedado del todo tranquila con el ruido, espera de pie.
- Pues bueno, inspector Moranta, gracias por todo y espero recibir noticias suyas pronto…- le suelto ya de pie.- Por cierto, ¿podría decirme cual es el procedimiento habitual, en estos casos?
- Sí, claro- cara de desesperación de los miembros de la cola.- Ahora, en cuanto llegue el comisario, le abordaré con el tema para ver si me autoriza a poner en marcha un dispositivo especial. Le propondré sacar esta noche todos los efectivos a la calle a deshinchar las ruedas de todas las bicicletas de la ciudad, y mañana ponemos todas las patrullas a vigilar las estaciones de aire comprimido de las gasolineras.
- Ya… ¿Y toda la gente que tiene mancha en casa?
- El cerco se estrecha, créeme hijo, el cerco se estrecha…- ironiza el cabrón mientras me guiña, casi en confidencia, un ojo.
- Vaya, ¿que usted cree que la recuperarán?
- Es nuestro trabajo, caballero- y de tan servicial, que casi se pone firme.
Modo aleatorio. Queen, ‘I was born to love you’, en el iphone, al salir a la calle, de vuelta a casa, andando. No consigo que se me pase la mala hostia. Y lo que más me jode es no saber qué me jode más. Si saber que no van a hacer nada por encontrar una bicicleta, si saber que no van a hacer nada por encontrar unas cámaras japonesas, ni por una cartera, ni un móvil, ni un bolso, ni unos perros…, lo del ruido es discutible…, o saber que todos los demás lo tenemos asumido. Supongo que lo que acojona es vivir en una ciudad dónde lo tenemos asumido. Sea como sea, modifico inconscientemente mi ruta para pasar por delante de una tienda de bicis. Hay una de oferta. Lo anuncian en grande, y fluorescente, así que debe ser un chollo. Y en pequeño, el precio. 299, 99 euros. Lo de los ,99 ya canta, pero por 300 no está mal. Dudo. En la tienda de al lado, una ferretería, venden unas tenazas grandes, enormes, por sólo 22 euros. Dudo.
viernes, 3 de julio de 2009
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